Cañón en Santa María

Explorar este cañón es una experiencia emocionante. Se puede hacer rapel, alpinismo y caminatas por sus superficies accidentadas, además de apreciar las caprichosas y espectaculares formaciones rocosas a través de las que corre un riachuelo.

Un cañón, con características similares al del ya famoso Cañón de Somoto, es la mejor noticia para los amantes de la naturaleza y el turismo de aventuras extremas que ofrece el municipio de Santa María, en Nueva Segovia.

“Cerros Pegados” es el nombre de este cañón, que mide más de mil metros de largo, ubicado entre las comunidades de Las Trojas y Aguas Calientes, a 6 kilómetros al norte de Santa María, municipio fronterizo con Honduras.

Este cañón nace a partir de una depresión geológica en una parte del recorrido de la quebrada Las Trojas, caudal que durante el invierno  se precipita  con gran fuerza  sobre la profunda grieta que se abre en su lecho, que con el paso del tiempo y el poder de erosión del agua, dio forma a un paisaje natural casi prehistórico, con farallones que alcanzan entre 80 y 150 metros de altura a ambos lados.

Aunque este sitio aún no se ha lanzado oficialmente como destino turístico, ya pasó su prueba de fuego este año, con la llegada de un grupo de jóvenes misioneros norteamericanos que se fueron “encantados” del lugar, luego de casi un día recorriendo las profundidades de este cañón, donde tuvieron la oportunidad de  bañarse en las pozas naturales que se forman bajo las pequeñas cascadas que hay a lo largo del trayecto.

María Auxiliadora Rodríguez, vicealcaldesa de Santa María, explicó que la municipalidad tiene programado crear un corredor turístico para promover el potencial económico, cultural y turístico local, tomando como base el atractivo de los “Cerros Pegados”, la “Cueva del Duende”, el cerro “Las Arañas” y los vestigios indígenas que hay en los alrededores de esta importante formación geológica.

“El proyecto consiste en hacer conciencia en los comunitarios para que ellos presten servicios a los turistas nacionales y extranjeros, que inviertan para crear condiciones para alojar a los visitantes, alimentarlos, darles servicios de guías y otras necesidades que requieran”, dijo la funcionaria.

Por su parte, Carlos Aguilar, responsable de la secretaria ambiental y gestión de riesgos, aclaró que la municipalidad está coordinando con los dueños de propiedades de la comunidad para que ellos asuman la atención a los turistas. “Si quieren invertir, ellos lo pueden hacer, pero si no, entonces la alcaldía, a través del proyecto, va a adquirir una parcela para construir un complejo recreativo que contará con cabañas, piscina, un hotel rústico y capacitación a la población para que ofrezca servicios a los visitantes y así desarrollar el turismo comunitario”.

Por el momento, la comuna cuenta con dos guías que mandó a capacitar a un curso que Intur impartió en Ocotal.

Además, ya tiene diseñado y elaborado el presupuesto ecoturístico, el que tendrá un costo aproximado a los 7 millones de córdobas, para el cual está buscando fuentes de financiamiento.

Joaquín Olivera, 42 años,  propietario de la finca Nueva Esperanza,  de la comarca Palo Verde, vecino del cañón, dijo estar de acuerdo en prestar colaboración a los turistas. “Nosotros podemos ofrecer hospedaje para las personas y parqueo para los vehículos, alquiler de caballos para pasear y alimentación con lo que producimos: leche, queso, cuajadas, frijoles, tortillas y prestar acompañamiento si lo necesitan, mandar a alguien que los lleve, con gente  responsable, que conoce y tiene experiencia en el lugar”, señaló el productor.

El Tour por el cañón

El circuito del nuevo corredor turístico de Santa María inicia en la quebrada Las Trojas, distante 4 kilómetros del casco urbano del municipio, a la que se accede por medio de una trocha que exige un vehículo de doble tracción por lo accidentado del camino. A la orilla de la quebrada se puede dejar el vehículo.

Frente a esta pedregosa y casi siempre seca quebrada, en la parte media de un cerro, se encuentra la Cueva del Duende, que según cuenta la tradición, allí salía un duende vestido de color rojo.  Esta pequeña cueva es formada por un grupo de peñascos que venían rodando y quedaron en la pendiente, dando forma a una oquedad que es el refugio de cientos de murciélagos y donde se pueden apreciar varios petroglifos como mudos  testigos de la presencia indígena en la zona.

Luego se sube por un lado de la montaña vecina y se llega al cerro Las Arañas, que se presume fue un cementerio y centro ceremonial aborigen, en el que todavía quedan restos visibles de tiestos de cerámica precolombina.  Desde arriba, el aire sopla fresco e invita a disfrutar de una vista panorámica única, desde donde se  puede ver  a lo lejos el Río Poteca, al otro lado de la raya fronteriza entre Nicaragua y Honduras, y el cañón a los pies. Aquí la vegetación predominante es el cactus, orquídeas, zarzas y otros arbustos.

Luego se baja por una zona de pastizales nativos hasta llegar al borde del cañón y con un poco de dificultad se llega hasta el fondo del  mismo. De aquí para adelante, el expedicionario necesita disponer de todas sus energías para escalar las pequeñas cascadas y cruzar a nado las heladas  pozas  que llevan hasta la “garganta”, donde casi se besan los dos farallones que le dan el nombre a este  cañón: Cerros Pegados. Para llegar hasta aquí, se necesita la ayuda de los guías, que van  provistos de arnés y cuerdas especiales para escalar las altas paredes rocosas y  las enormes moles de granito y basalto que hay en todo el camino. En una parte muy recóndita hay una poza de aguas cristalinas que le llaman la “Poza de los sacrificios”, donde supuestamente los indígenas  realizaban sacrificios en ofrendas  a sus dioses.

Para los aventureros más audaces, este es el paraíso soñado, porque aquí se puede practicar alpinismo, canopy, rapel,  rock climbing o escalada, pesca deportiva y hasta  practicar rafting cuando la quebrada del río está crecida.

Además, el lugar es ideal para acampar y hacer un poco de pesca deportiva en un ambiente natural que parece de otro mundo.

El costo del tour es de $11 por persona y si se quiere quedar  a acampar en el cerro de Las Arañas, eso se arregla con el guía.

Deja un comentario